



Nú, victorioso sobrestante del palacio y canciller en jefe, dice:
No coma lo que es abominable para mi, lo que es abominable para mi. Lo abominable para mi es la inmundicia, lo abominable para mi; que no lo coma en lugar de los pasteles ofrecidos a los Kas. No se pose en mi cuerpo, ni deba tomarte con las manos, ni andar sobre ello con mis sandalias. ¿De qué vivirán, entonces, en presencia de los Dioses? Reciba alimento del lugar en que se deposita, y viva en los sietepanes que se ofrendan a Horus, y del pan que se presenta a Thoth. Diranme los Dioses: ¿Qué genero de manjares reclamas? Y responderé: "Dejadme comer bajo el sicómoro de mi señora,
3—No debéis, hermanos míos, comer suciedades ofrecidas a los hombres.
4—Los Kas, son los dobles de los muertos.
5—Todos los seres humanos son pilares del mundo soterrado.
6—Todos los seres humanos son muertos vivientes, comiendo suciedades, teorías, escuelas, etc.
7—Todo esto se llama: Teosofismo, Rosacrucismo, Rojismo, Espiritismo, Martinismo, Religiones, política, Intelectualismo, Ferrierismo, Parsivalismo, etc.
8—Aliméntate, hermano mío, con los sietepanes que se ofrendan a Horus y come del pan que se presenta a Thoth.
9—Los sietepanes son la sabiduría de nuestras siete Serpientes.
10—Nosotros tenemos siete Culebras; dos grupos de a tres, con la coronación sublime de la séptima lengua de Fuego, que nos une con el Uno, con
11—Estos son los sietepanes que se ofrendan a Horus, el Niño de Oro, el YO CRISTO de
12—Comamos bajo el sicómoro de mi señora, la sacerdotisa de nuestro laboratorio alquimista.
13—El sicómoro son las fuerzas sexuales que tenemos que transmutar en nuestro laboratorio alquimista.
14—Todos los libros sagrados del mundo son elaborados con la sabiduría de los sietepanes .
15—Inclinémonos ante
16—Esos son libros eternos...
17—La sabiduría dé los Profetas, es la sabiduría de los sietepanes.
18—Comamos bajo el sicómoro de la esposa sacerdotisa, para elaborar el Niño de Oro de
Asociado desde siempre a la alimentación básica de cualquier ser humano, el pan acompaña al hombre desde, al menos, 8000 años, cuando aprendió a procesar los cereales. Icono religioso, símbolo de revoluciones , luchas sociales y necesidad básica de las clases trabajadoras, la mezcla de harina y agua es mucho más que eso. Así lo entiende Juan Marín, quien desde chico hacía el pan en el horno pizzero del restaurante de sus padres, Pan y Teatro. Y con el tiempo, su gusto por las harinas hizo que fuera encontrando nuevas texturas, combinaciones y conceptos para ofrecer a todo el mundo, hasta que se convirtió en una marca de identidad en cada propuesta gastronómica de la que participaba.
Así también nació su alter ego Sietepanes (en referencia a los panes iniciales que Jesús multiplicó para dar de comer a una multitud), que escribe lo que piensa sobre el trabajo en grupo (y no en equipo), sobre la organización de la cocina, sobre el rol del cocinero en general, en su blog
A eso se suma su preocupación social, su interés por lo que sucede en su entorno. Entonces, su lengua rápida dispara frases del estilo: “creo que el trabajo de masas multiplica los panes”.
En este contexto abrió Bardepán, primero como la panadería que sólo abastecía el servicio de La prometida, el restaurante de la calle Delgado. Con el tiempo, su corazón de panadero pudo más y Bardepán comenzó a tener identidad propia. Entonces necesitó también un espacio para poder levar de forma autónoma y conjunta con la propuesta del restaurante.
Hoy tiene entrada individual por Virrey Arredondo. Un patio de baldosas y macetas recibe al visitante y, si llega temprano, el aroma del pan será irresistible. Ya dentro, un amplio salón típico de una casa chorizo, está coronado por una mesa comunitaria, en la que entran cómodos algo más de 20 personas. “Si hacemos pan, es para compartir, por eso pensamos en esta larga tabla, que a muchos porteños les cuesta disfrutar”, cuenta Juan.
Bardepán funciona entonces como panadería (un cartel se planta en la entrada de la cuadra con una leyenda que dice: “je ne comprais pan”) en la que se pueden encargar y llevar los distintos panes de autor que allí se elaboran; y como bar en el que se puede desayunar y merendar u organizar un almuerzo liviano, probando ensaladas y sandwiches deliciosos -como por ejemplo de matambre casero, tomate y mayonesa ($ 28) o el de salmón gravlax, rúcula, palta y queso blanco ($ 32)-, tomar una rica pomelada o un jugo de arándanos y naranja y, de paso, llevarse un pan calentito como el “integralísimo”, “de los pueblos”, “oliva”, “el burgués u hogaza” y baguetines, chapatis, pan de molde, semidulce, de maíz, 100 % integral orgánico y centeno, entre otros. “El fuerte de Bardepán es que es un lobby íntimo adentro de la panadería. Eso hace que la gente se instale, respire tranquila como si estuviera en su casa, en un lugar fresco, soleado, con buena energía”, explica Marín.
Antes de salir, pispee las estanterías. No podrá resistir la tentación de llevarse alcaparras orgánicas, aceitunas, canela, especias, vinos, tés, quesos, mermeladas. Riquísimo.